Cuando termina el verano, el fondo cuenta su propia versión de la temporada. Bajamos a escucharla y a recoger lo que el mar no puede llevarse solo.

Octubre tiene en la Costa Brava una calidad particular. La luz se vuelve más limpia, la afluencia turística baja, las aguas todavía conservan el calor del verano y los buceadores recuperamos un mar más nuestro, más silencioso. Es también el momento del año en el que se hace especialmente visible una verdad incómoda: lo que queda en el fondo después de una temporada alta es siempre más de lo que esperábamos. Por eso planteamos una jornada de limpieza submarina en una cala del término municipal de Palamós, justo cuando la actividad estival empieza a ceder y todavía hay condiciones óptimas para bajar.

La cala después del verano

Cada cala mediterránea tiene su propio mapa de impactos. Las hay donde dominan los residuos de origen marino —cabos perdidos, restos de redes, derivas que han llegado desde mar abierto— y las hay donde el peso lo lleva lo que cae directamente desde la línea de costa: envases de un solo uso, restos de pícnic, material de baño, fragmentos de cristal y plástico. La cala donde nos sumergimos en octubre era una mezcla de ambas, con un componente añadido: el efecto acumulado de un verano largo y muy frecuentado.

Cuando descendimos por primera vez, ya en la fase de reconocimiento, el patrón se hacía evidente metro a metro. Las primeras zonas de roca, las más visibles desde la superficie, mostraban un nivel de impacto contenido —los habituales: tapones, anillas, algún fragmento metálico—. Pero, a medida que avanzamos hacia las grietas, los rincones poco accesibles y la base de las paredes rocosas, la imagen cambiaba. Allí es donde se acumula lo que las corrientes empujan y lo que el mar termina escondiendo: bolsas atrapadas, cabos enredados con la vegetación bentónica, latas que llevan tiempo abajo, restos de aparejos que ya se han integrado parcialmente en el sustrato.

Documentarlo es tan importante como retirarlo. Por eso, también esta jornada la planteamos como una campaña de observación con manos: bajamos a recoger, pero al mismo tiempo registramos qué tipo de residuo aparece, en qué hábitat se concentra, a qué profundidad y con qué grado de integración. Es la única manera de distinguir lo que llega del mar abierto, lo que cae desde tierra y lo que se genera dentro de la cala, y de orientar después las medidas de prevención hacia los puntos correctos.

Octubre, un momento estratégico para bajar

Hacer la limpieza al final de la temporada no es una decisión menor. En verano, la presión del uso recreativo, las embarcaciones fondeadas y las actividades acuáticas hacen que muchas zonas no se puedan trabajar con la seguridad y la tranquilidad que requiere una intervención submarina seria. Octubre es, en cambio, una ventana ideal: el agua sigue siendo lo bastante cálida como para hacer inmersiones cómodas y prolongadas, la visibilidad mejora respecto a los meses de gran trasiego, y se puede coordinar a varios centros de buceo y voluntarios sin chocar con la actividad turística masiva.

Hay otra razón menos obvia y más importante: hacer la limpieza en octubre permite comparar el estado del fondo con el que registramos en primavera o a inicios de verano. Si tenemos datos de la misma cala antes de la temporada, podemos cuantificar de manera razonable cuánto de lo que aparece en otoño es atribuible al verano y cuánto venía ya acumulado. Esta lógica de antes y después es la que convierte una limpieza puntual en una pieza de información ambiental útil, no en un gesto bienintencionado y aislado.

Una operación coral

Una jornada de limpieza submarina seria no se sostiene con una sola entidad. Necesita logística, embarcaciones, equipo de buceo profesional, gestión adecuada de los residuos retirados, permisos municipales, soporte desde tierra y un trabajo de comunicación que dé continuidad a la acción más allá del propio día. La coordinación de la jornada de octubre la asumieron Marina Palamós, H2O Diving Center, Ocean4You y Proyecto Silmar, sumando experiencia técnica, conocimiento del entorno y capacidad organizativa.

A esta coordinación se sumó una red amplia de colaboradores, cada uno aportando una pieza imprescindible del rompecabezas: Loginplast se encargó de la valorización y reciclaje del plástico retirado, asegurando que una parte significativa de los residuos entre en circuitos circulares; Dive Center Palamós aportó buzos experimentados y equipo adicional para reforzar las inmersiones; Mares (Just Add Water) y Aquafilm Service facilitaron material técnico y documentaron en imagen toda la jornada; el Ajuntament de Palamós facilitó los permisos y el encaje institucional necesarios para una intervención de este tipo dentro del término municipal; Scuba Mobula sumó buceadores voluntarios y material; y a esta red se incorporó TaraWaDive, ampliando la capacidad de buceo y aportando una mirada y un equipo nuevos que enriquecen el modelo colaborativo.

Esta forma de trabajar —centros de buceo locales que cooperan en lugar de competir, un ayuntamiento implicado, una empresa de reciclaje real, hoteles del territorio que dan apoyo, una entidad de conservación con raíces locales y voluntariado experimentado— es, para nosotros, el verdadero núcleo del modelo Silmar. Sin estas complicidades, la conservación marina se queda en discurso. Con ellas, se convierte en una práctica que cada año podemos repetir, ampliar y medir.



Lo que sacamos del agua

Como cada vez, la cantidad y la variedad de residuos retirados fue mayor de lo que cualquier mirada superficial habría sugerido. Una parte del material era esperable: envases ligeros, fragmentos plásticos, restos textiles propios de una zona de baño activa durante meses. Otra parte era de procedencia portuaria o pesquera: cabo en mal estado, restos de aparejos, materiales metálicos con distintos grados de corrosión. Y siempre, en el fondo de cada bolsa, esa multitud silenciosa de microresiduos —fragmentos pequeños, tapones, anillas, restos no identificables— que recuerdan que el problema no se resuelve solo recogiendo lo grande.

Una parte significativa del material recuperado pudo entrar en circuitos de gestión y reciclaje gracias al trabajo de Loginplast, lo que cierra el ciclo de la jornada y le añade un sentido que va más allá de la propia limpieza. La fracción no recuperable se gestionó por los canales habituales, con trazabilidad documental, porque también ahí hay una buena práctica a sostener: saber qué se hace con lo que se saca del fondo es parte del compromiso.

Por qué seguiremos bajando

Una limpieza submarina en una cala de Palamós, mirada por separado, podría parecer una gota en el océano. Y, en cierto modo, lo es. El origen del problema está en tierra: en cómo producimos, en cómo consumimos, en cómo gestionamos los residuos urbanos, en cómo planificamos —o no planificamos— el uso del litoral. Resolver eso desde el agua es estructuralmente imposible.

Pero sin estas jornadas, dos cosas dejan de pasar. La primera, evidente: ese material se queda en el fondo, sigue afectando a las comunidades bentónicas, fragmentándose lentamente y alimentando el problema de microplásticos en una cuenca tan cerrada y tan presionada como la Mediterránea occidental. La segunda, menos obvia: dejamos de generar el dato y dejamos de mantener viva la red de personas que sostiene el modelo. Y eso, a la larga, sería peor todavía.

Por eso seguiremos bajando. En noviembre, en primavera, el verano que viene y el siguiente otoño. Cada jornada irá quedando registrada como una estación más de la red Silmar, con su fecha, su ubicación, su tipología de impactos y su comparativa con la anterior. Esa serie temporal es el verdadero entregable a largo plazo: no la bolsa de hoy, sino la posibilidad de saber, dentro de cinco años, si la Costa Brava está aguantando o si necesita medidas distintas.

Gracias, una vez más, a todas las personas y organizaciones que hicieron posible esta jornada. Y gracias también a quienes, sin haber estado este día en el agua, sostienen desde tierra la idea de que la Mediterránea puede seguir siendo un mar vivo. Juntos, devolvemos la claridad al azul.

Organizado por: @marinapalamos · @h2o_diving_center · @ocean4you · @proyecto_silmar

 

En colaboración con: @loginplast · @divecenterpalamos · @maresjustaddwater · @aquafilmservice · @ajuntamentdepalamos · @scubamobula · @tarawadive