Lo que significa para Silmar haber recibido el Premio Talent en la categoría de Biotech, química y ciencias de la vida, y por qué este reconocimiento es también un compromiso renovado con el litoral mediterráneo
Cuando uno se dedica a observar lo que ocurre bajo el agua, se acostumbra pronto a una sensación particular: la de que el trabajo más importante es siempre el que menos se ve. Las series temporales se construyen inmersión a inmersión, las especies indicadoras se siguen año tras año, los datos se acumulan en silencio y, mientras tanto, la mayor parte del litoral mediterráneo pasa por delante de nosotros sin enterarse de que en algún rincón del fondo hay alguien tomando nota. Por eso, cuando un proyecto como Silmar recibe un reconocimiento como el Premio Talent 2024, ocurre algo importante: una parte de ese trabajo invisible sale a la superficie y se hace visible para mucha más gente.
El proyecto de observación y protección de la biodiversidad marina Silmar, gestionado por la Unitat de Medi Ambient i Ecologia de la Fundació Pro Reial Acadèmia Europea de Doctors, fue reconocido con el Premio Talent 2024 en la categoría «Biotech, química y ciencias de la vida» por nuestro trabajo en el seguimiento de la biodiversidad marina y en la toma de conciencia sobre el impacto de la actividad humana en la salud de mares y océanos. El reconocimiento, otorgado por la Fundación Impulsa Talentum en la décima edición de estos galardones, se entregó en una ceremonia celebrada el pasado 25 de marzo en el Wonder Photo Shop de la firma de material fotográfico Fujifilm, en Barcelona. Los proyectos premiados participaremos, además, en la gala La Nit del Talent Solidari, que tendrá lugar el próximo 26 de junio en la sala Luz de Gas de la capital catalana.
Dos estaciones, dos retratos del Mediterráneo
Aunque hablamos de «Silmar» como si fuera una sola cosa, en realidad es una red. Ahora mismo tenemos dos estaciones de control y monitoreo medioambiental plenamente operativas en el litoral catalán, y cada una de ellas nos cuenta una historia distinta del mismo mar.
La primera es la estación de la Mar Bella, en Barcelona: un punto urbano, sometido a una presión humana intensísima, donde el reto consiste en separar lo que el ecosistema puede aún hacer por sí mismo de lo que la actividad de una gran ciudad litoral le impide hacer. Aquí trabajamos en un entorno que combina rocas, sedimento, restos de obra, paso constante de embarcaciones recreativas y aportes desde tierra que llegan a través del drenaje pluvial y la línea de costa.
La segunda es la estación de La Cima, en Castell-Platja d’Aro: un entorno costero de la Costa Brava, con presión turística estacional y una geomorfología muy distinta de la de Barcelona. Las paredes rocosas, las comunidades algales y los hábitats coralígenos en distintos estados de conservación permiten leer, en el mismo paisaje, la diferencia entre las zonas que se recuperan, las que se mantienen y las que ceden ante el cambio climático y la presión humana acumulada.
Tener dos estaciones de perfiles tan diferentes —una urbana, una costera— no es casualidad. Permite comparar y, sobre todo, permite distinguir las señales locales de los patrones generales. Si un fenómeno se reproduce en ambas, probablemente es estructural; si solo aparece en una, probablemente es local. Esa diferenciación es la que convierte un dato en información útil.
El equipo y la red Ocean 4 You: devolver vida a una estación
Si hay algo que aprendemos cada año en Silmar es que un premio nunca es a un proyecto, sino a las personas que lo sostienen. Y, dentro de esas personas, hay un caso que en esta edición merece una mención específica: el del trabajo de campo y de dinamización que ha permitido que la estación Silmar siga viva y, en algunos tramos, que se haya reactivado después de períodos de menor actividad.
Ese trabajo desde su implicación en el año 2023, lleva nombre propio: Mario Bofill Doutres, que ha asumido la dinamización y la reactivación operativa de la estación Silmar a través de la asociación Ocean 4 You. Cuando hablamos de «reactivar» una estación no nos referimos a un gesto puntual: es recuperar la frecuencia de las inmersiones de monitoreo, volver a conectar la red de buzos colaboradores, restablecer los protocolos de observación, asegurar el material y los permisos, y poner en marcha de nuevo la cadena de personas y rutinas que convierten un punto del litoral en una verdadera estación de seguimiento. Sin esa labor sostenida, una estación Silmar deja, sencillamente, de generar serie temporal —que es lo único que da valor científico real al trabajo.
Ocean 4 You —que muchos conocen ya por su participación en jornadas como las recientes limpiezas submarinas de Marina Palamós y Cala Morro del Vedell— actúa aquí como el vehículo asociativo que aporta la red de buceadores, la capacidad operativa y la implicación territorial necesarias para que la estación funcione más allá de un proyecto puntual. Y lo hace en estrecha coordinación con la dirección del proyecto Silmar y con la Unitat de Medi Ambient i Ecologia de la Fundación.
Mencionar este trabajo no es un detalle protocolario. Es reconocer una verdad sencilla: sin equipo no hay datos, sin asociaciones de base como Ocean 4 You no hay continuidad, y sin continuidad no hay manera de detectar las señales tempranas que dan sentido a Silmar. El Premio Talent 2024 reconoce el resultado, pero lo que sostiene ese resultado es exactamente esto: un equipo, una red y unas personas que se han comprometido a que la estación no se apague.
Las esponjas marinas: nuestras informadoras silenciosas
El inventario de especies y bioindicadores que el equipo de Silmar mantiene desde estas estaciones, bajo la dirección científica de Miquel Ventura, director de proyectos de la Fundación, y con el trabajo de campo dinamizado por Mario Bofill Doutres y Ocean 4 You, nos ha permitido identificar cuáles son las especies marinas más sensibles a la contaminación y, por tanto, más útiles como sistema de alerta temprana. Entre todas ellas, las esponjas marinas ocupan un lugar destacado.
Las esponjas son organismos filtradores: pasan litros y litros de agua de mar a través de su cuerpo para alimentarse. Esa misma capacidad las convierte en acumuladoras casi perfectas de las sustancias presentes en el agua, incluidas las que no deberían estar allí. En nuestras estaciones, las esponjas se han mostrado idóneas para detectar la presencia de cadmio, mercurio, cobre, selenio y zinc, entre otros metales pesados. Y lo hacen mucho antes de que esas concentraciones aparezcan en análisis convencionales de agua, porque ellas integran la exposición durante semanas o meses.
Esto tiene una implicación directa: nos permite detectar de forma temprana focos de contaminantes que pueden poner en peligro tanto a las comunidades marinas como a la salud humana, especialmente en zonas litorales con actividad recreativa, pesquera y turística intensa. Es uno de los servicios más concretos y menos espectaculares que ofrece Silmar, y uno de los que más sentido tiene cuando hablamos de resiliencia marina.
La huella invisible de la actividad náutica
Los estudios realizados desde Mar Bella y La Cima también han puesto de manifiesto, con datos, algo que durante mucho tiempo se ha mencionado más como sospecha que como evidencia: los efectos contaminantes de la actividad náutica recreativa y profesional. No hablamos solo del impacto visible —fondeos sobre Posidonia, derrames puntuales—, sino de toda una huella menos evidente.
Está, por un lado, la contaminación acústica: motores, hélices, ecosondas, generadores. El ruido submarino afecta el comportamiento, la reproducción y la orientación de muchas especies. Está la contaminación química por gases de combustión, restos de aceites y combustibles. Está la generación continua de residuos orgánicos, el consumo de recursos naturales —agua dulce embarcada, energía— y la producción de plásticos y otros materiales que terminan, con demasiada frecuencia, en el fondo.
Y hay un capítulo aparte, especialmente relevante en una cuenca como la Mediterránea: el de las aguas y los fangos de lastre. Una mala gestión puede introducir, en las aguas costeras, especies marinas foráneas y patógenos procedentes de otros mares. Cuando esto ocurre, el resultado no es solo la aparición de una especie invasora más; es la posibilidad de desestabilizar completamente el ecosistema litoral, con consecuencias que tardan años en revertirse, si es que lo hacen.
Que un proyecto como Silmar pueda poner cifras y patrones a este conjunto de impactos es lo que convierte el reconocimiento del Premio Talent en algo más que una placa: es la validación de que mirar con atención y de forma continuada produce conocimiento útil para tomar decisiones.
Sobre el Premio Talent y su décima edición
Los Premios Talent reconocen proyectos, propuestas y soluciones creativas en ámbitos muy diversos, que van desde la cultura a la tecnología, pasando por el comercio, el turismo, el medio ambiente, la solidaridad, la salud y la educación, entre otros. La Cambra de Comerç de Barcelona participa como patrocinadora, junto con diversas empresas y entidades catalanas. En su décima edición, los premios reconocen iniciativas en 30 categorías distintas, y se han consolidado como un referente en la promoción del talento de la sociedad civil catalana.
El objetivo declarado de los organizadores es promover estos proyectos y el talento catalán —en general y por sectores—, facilitar su desarrollo y reforzar su servicio a la comunidad. Para nosotros, formar parte de esta edición junto a iniciativas tan distintas, en categorías tan amplias, es también una buena noticia: significa que la observación marina seria empieza a entenderse como una contribución relevante al territorio, en pie de igualdad con otros ámbitos de innovación.
Lo que un premio significa para una red
Recibimos este Premio Talent con dos sentimientos a la vez. El primero es de gratitud: hacia el jurado que ha valorado nuestro trabajo, hacia la Fundación Impulsa Talentum por sostener una iniciativa de esta dimensión, y hacia la red de personas e instituciones que llevan años haciendo posible que Silmar exista —desde la Reial Acadèmia Europea de Doctors y su Fundación; al equipo técnico y científico dirigido por Miquel Ventura; a Mario Bofill Doutres y la asociación Ocean 4 You, por dinamizar y reactivar el trabajo de la estación; a los buceadores científicos, los centros de buceo colaboradores, los voluntarios y las administraciones que nos han abierto las puertas de cada estación—.
El segundo es de responsabilidad. Un reconocimiento como este no es un punto de llegada; es un punto desde el que se ve más lejos. Significa que tenemos más visibilidad, más interlocutores potenciales y, por tanto, más capacidad para llevar la idea Silmar más allá de Mar Bella y La Cima. Significa también más obligación de seguir generando datos con el mismo rigor, de mantener la red de personas que sostiene cada inmersión y de traducir lo que vemos bajo el agua en información que las administraciones, las comunidades costeras y la ciudadanía puedan utilizar.
La Mediterránea occidental nos necesita atentos. Las esponjas seguirán acumulando metales, las olas de calor marinas seguirán erosionando las comunidades estructurales del fondo, la actividad náutica seguirá dejando su huella y los plásticos seguirán llegando al litoral. Saberlo no es suficiente; medirlo, documentarlo y compartirlo, sí lo es. Eso es exactamente lo que el Premio Talent 2024 ha reconocido, y eso es exactamente lo que vamos a seguir haciendo.
Más información sobre el proyecto y las estaciones Silmar en el espacio Silmar de la Fundació Pro Reial Acadèmia Europea de Doctors. Información sobre la décima edición de los Premios Talent y la Fundación Impulsa Talentum a través de sus canales oficiales.