Lo que encontramos en el fondo justo antes de que arrancara la temporada de verano, y por qué bajar en mayo es tan importante como bajar en octubre
En el calendario Silmar, mayo tiene una función muy concreta y poco celebrada: es el mes en el que se cierra el «antes». Antes de que llegue el verano, antes de que se multipliquen las embarcaciones, antes de que los chiringuitos se llenen, antes de que las calas se conviertan en escenarios de uso intensivo. Por eso, cuando la primavera empieza a estabilizar el agua y la visibilidad lo permite, bajamos a documentar el fondo en su estado más limpio del año. Lo que veamos en mayo será, en pocos meses, el punto de comparación contra el que mediremos lo que el verano le habrá dejado al litoral.
Con esa lógica organizamos en mayo de 2025 una jornada de limpieza submarina en una cala del término de Palamós. Una jornada más pequeña, más quirúrgica que las de otoño, y con un objetivo doble: retirar lo que el invierno había dejado abajo y registrar la línea de base antes de que arrancara una nueva temporada.
Lo que queda cuando termina el invierno
El fondo de mayo no se parece al de octubre. En octubre se acumula lo que el verano ha dejado: tapones, anillas, fragmentos pequeños, restos de baño. En mayo, en cambio, lo que predomina es lo que el invierno ha arrastrado: cabos perdidos durante los temporales, restos de aparejos desplazados, plásticos rígidos que han viajado con las corrientes y han terminado encajados en grietas y bases de pared, materiales más grandes y menos numerosos, pero con frecuencia de origen más antiguo.
La primera fase de la jornada, ya antes de cualquier recolección, fue de reconocimiento: nos desplazamos por las zonas de roca, gravas y pequeñas placas de Posidonia más accesibles, anotando dónde estaban las concentraciones y de qué tipo. Esa lectura preliminar es clave por dos motivos. El primero, evitar bajar a recoger sin orden y dispersar el esfuerzo. El segundo, y más importante: registrar qué encontramos en cada punto antes de tocarlo, para que el dato quede limpio.
La acumulación no era enorme — y eso, en términos relativos, era una buena noticia: la cala parecía haber resistido el invierno mejor de lo previsto. Pero el patrón se repetía con una constancia que se ha vuelto familiar: cuanto más profundo, cuanto más recóndito, cuanto menos visible desde la superficie, más probable era encontrar material persistente. Cabos enredados en la base de paredes rocosas. Bolsas atrapadas que habían perdido casi toda su forma original. Plásticos rígidos parcialmente integrados ya en el sustrato. Restos metálicos en distintos grados de corrosión.
Por qué bajar en mayo es estratégico
Si una sola limpieza al año tuviera que decidirse entre primavera u otoño, probablemente recomendaríamos otoño: el verano genera más impacto y la imagen final es más impactante. Pero el verdadero sentido de una red como Silmar es no tener que escoger. Bajar en mayo y en octubre permite hacer algo que ninguna campaña aislada permite: medir el efecto neto del verano sobre el fondo.
Esa es la lógica que estamos implantando progresivamente en las calas de Palamós donde trabajamos: una jornada de pretemporada —como la de mayo de 2025— y una jornada de postemporada —como la de octubre—. Entre ambas, el verano. La diferencia entre el material recogido en una y en otra es una aproximación razonable a la huella estacional de uso, y nos permite distinguir lo que llega arrastrado por corrientes y temporales de lo que se genera en la propia cala durante la temporada alta.
Hay otra razón importante para bajar en mayo: el estado del fondo en ese momento es lo más cercano al «potencial ecológico» que podemos observar. La acumulación turística aún no ha empezado, las aguas son aún relativamente frescas, las comunidades de pared rocosa y las algas de la franja superficial salen de meses de relativa tranquilidad. Esa fotografía nos sirve como referencia: si en octubre estas mismas comunidades aparecen visiblemente degradadas, sabemos que el cambio se ha producido en los últimos cuatro o cinco meses y podemos atribuirlo con bastante seguridad al patrón estival.
Una operación pequeña, deliberadamente
A diferencia de las jornadas más amplias del otoño, esta de mayo se planteó con un formato más reducido y enfocado. La coordinación volvió a recaer en el núcleo habitual: Marina Palamós, H2O Diving Center, Ocean4You y Proyecto Silmar, que sumaron la experiencia técnica, la capacidad operativa y el conocimiento del entorno necesario para hacer una intervención precisa.
A esa coordinación se sumó una red más ajustada de colaboradores, cada uno con un papel muy específico:
- Loginplast se encargó nuevamente de la valorización y reciclaje del plástico retirado, asegurando que el material extraído entrara en circuito antes de volver a degradarse.
- Amics Illes Formigues aportó conocimiento del territorio marino cercano, voluntariado experimentado en buceo de conservación y un imprescindible vínculo con la dinámica de la reserva natural próxima, que es una referencia ecológica clave para entender los flujos de basura marina en la zona.
- Dive Center Palamós sumó buzos profesionales, equipo y experiencia operativa, contribuyendo a una ejecución segura y ágil de las inmersiones.
No es casual que en una jornada de pretemporada la red de colaboradores sea más reducida. En primavera no se necesita movilizar tanto efectivo: se necesita movilizar al efectivo adecuado. La intervención es más quirúrgica, los volúmenes son menores y la prioridad es trabajar bien y registrar mejor, no recoger en cantidad. Esta forma de operar —pequeña pero estratégica— es la que permite que el modelo se sostenga a lo largo del año sin agotar a la red.
Lo que sacamos del agua
La cantidad total de residuos retirados en mayo fue, como esperábamos, inferior a la de las jornadas de otoño, pero significativa y muy reveladora en su composición. Predominaron los materiales de origen invernal y de origen marino: fragmentos de cabo, restos de aparejos de pesca recreativa, plásticos rígidos antiguos, materiales metálicos parcialmente corroídos. La presencia de envases ligeros y de microresiduos típicos de banyistes era, en cambio, mucho menor que en octubre, lo cual es exactamente lo esperable y refuerza la utilidad de la comparación estacional.
Una parte del material recuperado pudo entrar en circuitos de gestión y reciclaje gracias al trabajo de Loginplast. La fracción restante se gestionó por los canales habituales, con trazabilidad documental. Como en cada jornada, registramos qué se sacó, de qué zona, a qué profundidad y en qué hábitat, para que la información alimente la serie temporal de la cala. Cada limpieza, recordamos, es también una campaña de observación: el residuo retirado tiene valor ecológico inmediato, y el dato registrado tiene valor científico a largo plazo.
Dejar la cala lista para el verano
Hay un componente que en Silmar valoramos especialmente de las jornadas de mayo y que en las de otoño no existe: el efecto inmediato sobre la temporada que viene. Cuando una cala llega a la temporada alta con el fondo limpio, no solo gana en imagen y en valor turístico: gana en funcionalidad ecológica. Los bañistas, los snorkellers, los buceadores ocasionales, los pescadores recreativos y las embarcaciones que entran y salen lo hacen sobre un fondo cuyo punto de partida es el mejor posible dentro de lo que se puede aspirar.
Eso tiene consecuencias prácticas. Significa que los bioindicadores que monitorizamos —desde las algas calcáreas hasta las pequeñas esponjas de pared rocosa— parten de un estado más cercano al óptimo. Significa que los fondeos eventuales no caen sobre acumulaciones previas de residuo. Significa que la percepción social del usuario del litoral —del bañista al hotel— está alineada con la idea de que el fondo de la cala se cuida, lo cual refuerza la complicidad ciudadana con la conservación marina.
El silencio útil de las jornadas pequeñas
Si tuviéramos que decir qué hace especial a una jornada como la de mayo de 2025, diríamos esto: es discreta. No genera titulares espectaculares, no produce las imágenes más impactantes, no moviliza a decenas de personas. Pero hace una cosa que las jornadas grandes no pueden hacer: deja registrada la línea base de la temporada y permite, sin ruido, que el resto del trabajo Silmar tenga referencia con la que comparar.
Ese silencio útil es, en realidad, una parte central del modelo. La conservación marina seria no se construye con grandes operativos puntuales; se construye con una sucesión disciplinada de intervenciones pequeñas, repetidas, documentadas y comparables. Una jornada de mayo aporta exactamente eso a la lógica anual del proyecto.
Gratitud y continuidad
Como en todas las jornadas, gracias a quienes la hicieron posible: a Marina Palamós, H2O Diving Center, Ocean4You y Proyecto Silmar, por la coordinación; a Loginplast, por seguir cerrando el ciclo del plástico recuperado; a Amics Illes Formigues, por su conocimiento del entorno y su voluntariado; y a Dive Center Palamós, por su solvencia técnica y operativa. Sin esta red ajustada de complicidades, una jornada como esta sería sencillamente impensable.
Volveremos en otoño, con la jornada de cierre de temporada, y traeremos los datos comparados de ambas inmersiones. Esa comparación entre mayo y octubre es, probablemente, el mejor argumento técnico que podemos ofrecer a las administraciones y a las comunidades costeras para tomar decisiones informadas sobre el uso del litoral. Mientras tanto, una cala de Palamós más, en mayo de 2025, vuelve a tener su fondo en su mejor estado posible.
Juntos, devolvemos la claridad al azul —y esta vez, también la dejamos lista para el verano.
Organizado por: @marinapalamos · @h2o_diving_center · @ocean4you · @proyecto_silmar
En colaboración con: @loginplast · @amicsillesformigues · @divecenterpalamos



